BEPS, la fiscalidad que nos espera.

 

 

 

BEPS, la fiscalidad que nos espera

 

Los avances tecnológicos de los últimos años, en especial los relativos a internet y sus efectos en la globalización, han provocado que muchas cuestiones de la vida que hasta ese momento eran indiscutidas requieran una profunda revisión o un cambio de enfoque, lo vemos en cuestiones como la educación, la información, las relaciones comerciales y por supuesto, también ha tenido sus efectos en el ámbito tributario, especialmente en su vertiente internacional.

 

En efecto, uno de los principales efectos que ha tenido internet y la llamada economía digital en los sistemas tributarios actuales, es el desfase entre las normas tradicionales de localización de beneficios y la economía global. La mayoría de los sistemas tributarios actuales se han visto incapaces de ofrecer soluciones que permitan gravar el beneficio como consecuencia del fraccionamiento y deslocalización  de la cadena de producción y la complicada asignación de valor a cada uno de los eslabones de ésta.

 

Unido a esta dificultad, ocurre que los sistemas tributarios de hoy, con sus redes de convenios para evitar la doble imposición de un mismo beneficio (en distintos estados), ideados sobre la base de una economía tradicional, más que evitar la mencionada doble imposición, en muchas ocasiones, lo que generan es una doble no tributación, esto es, no se tributa ni en un estado ni en otro.   

 

Ante esta situación, la OCDE como organismo internacional con una gran influencia en la mayoría de las economías mundiales, tanto a nivel legislativo (la mayoría de los estados toman buena nota de sus indicaciones) como a nivel jurisprudencial (la mayoría de los órganos jurisdiccionales lo consideran como una soft law), ha salido al paso mediante un plan de acción llamado BASE EROSION AND PROFIT SHIFTING (BEPS) esto es, un plan de acción que tiene como objetivo proponer una serie de medidas tributarias a implantar por los estados con el objetivo de evitar la erosión de la soberanía fiscal de los estados.

 

A partir de aquí se ha creado un grupo de trabajo cuyas líneas maestras se podrían resumir como sigue:

 

  • Se parte del reconocimiento de que los estados no pueden alcanzar una solución satisfactoria a nivel individual.
  • Se compone de medidas destinadas a grupos multinacionales o a actividades económicas con un claro componente internacional.
  • Se trata de evitar supuestos de doble no tributación, doble deducción de un mismo gasto, o diferimientos, en el largo plazo, de la carga tributaria,… mediante la utilización combinada de norma interna de los estados y los actuales convenios para evitar la doble  imposición.
  • Revisión de las normas de valoración de las operaciones vinculadas en todo lo relativo a la asignación del valor y por ende del beneficio, en función de los riesgos, activos y funciones involucradas en todo el proceso productivo. En este apartado adquieren especial importancia los intangibles, donde la OCDE, el pasado 30 de julio, ya emitió un borrador para su discusión sobre el tratamiento fiscal de estos activos en lo relativo a las operaciones vinculadas dentro del plan de acción BEPS.
  • Revisión de las estructuras de financiación de inversiones internacionales evitando que las mismas generen la deducción de los gastos financieros en aquellas jurisdicciones con alta presión fiscal y la localización del correlativo ingreso financiero en aquellas otras en las que la tributación es reducida.
  • Desarrollo y adaptación del concepto de Establecimiento Permanente existente en la mayoría de los convenios para evitar la doble imposición vigentes, con el objetivo de asegurar que la totalidad de las transacciones internacionales quedan sometidas a tributación.
  • Asegurar que la tributación reside donde se genera efectivamente el beneficio, mediante medidas tales como la recalificación de operaciones entre entidades vinculadas de acuerdo con su verdadera naturaleza o modificación de los métodos de valoración de operaciones vinculadas, en especial aquellos consistentes en la distribución del beneficio.

 

Evidentemente se trata de un plan de acción muy adecuado y necesario para combatir el déficit de la mayoría de las economías avanzadas, especialmente la europea, por lo que debe ser apoyada sin ambages. Sin embargo, su efectividad va a depender sin duda alguna, de su aceptación e implantación por una mayoría de estados suficiente como para que se convierta en un nuevo esquema / marco de tributación internacional.

 

Por último, debe destacarse que su implantación debería realizarse de forma tal que permita dotar al sistema económico de cierta seguridad jurídica, de modo que los operadores económicos puedan conocer con exactitud las reglas del juego, clarificando los supuestos concretos en los que resulten aplicables las medidas que finalmente se adopten, las consecuencias concretas que se derivan de su aplicación (en todos los estados afectados), centrándolas exclusivamente en aquellos operadores a los que van dirigidas,… de lo contrario estas medidas podrían afectar de forma negativa a la inversión y la actividad económica.

 

 

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